Presentación de la Memoria 2025

En 2025 el sector social español es más fuerte, más eficaz y está más cohesionado que nunca: en los últimos 15 años su actividad ha crecido un 11 %, hoy crea un 15 % más de empleo que entonces, y la riqueza que generan las 600.000 personas –y más de cuatro millones de voluntarios– que trabajan en él ya representa el 1,2 % del PIB nacional. Sus ingresos han aumentado un 13 % y su dependencia del sector público es 12 puntos menor; son algunos de los datos que presentamos con ocasión del 15 aniversario de Talento Solidario, el programa que desde la Fundación pusimos en marcha para acompañar a las organizaciones sociales pequeñas y medianas de España en su intento de mejorar su forma de trabajar para tener más impacto social y ser más eficientes. Aprovechar esta ocasión para seguir fortaleciendo nuestro tercer sector ha sido uno de los principales esfuerzos que hemos hecho este año, y al que querría dedicar, esta vez en exclusiva, esta carta.

Este no ha sido, además, un período cualquiera. En 2010 estábamos aún buscando el modo de salir de una crisis financiera global, en 2020 afrontamos una crisis sanitaria nueva para todos, y en los últimos años estamos asistiendo a una incertidumbre geopolítica internacional que España está afrontando de manera admirable, pero a la que no estábamos acostumbrados y que trae consigo grados de incertidumbre que no esperábamos. Pues bien, en este contexto tan complejo, nuestro sector social no solo ha sabido adaptarse, sino que ha sido protagonista de algunos de los profundos procesos de transformación que nos invitan a mirar al futuro con esperanza.

Demasiadas veces analizamos el pasado solo cuando las cosas han ido mal y, en cambio, cuando han ido bien, damos por hecho que tenía que haber sido así y no dedicamos tiempo a descubrir las razones del éxito.

En este caso todo el sector coincide en que, fundamentalmente, son tres los procesos de mejora que nos han traído al punto en el que estamos: más colaboración mutua, así como con empresas y administraciones públicas; más innovación, sobre todo en procesos, con especial protagonismo de la digitalización, y una mejor medición del impacto social que nos ha llevado a lograr una mayor eficiencia social en la utilización de los recursos de que disponemos. Miles de pequeñas revoluciones, que desde la Fundación Botín –en algunas ocasiones– hemos acompañado, pero de las que sobre todo hemos sido un testigo privilegiado, que han producido, al final, una gran transformación.

Eso sí, queda mucho por hacer: tenemos que profundizar en estos procesos, sobre todo en el de la colaboración, y además tenemos que hacer un esfuerzo nuevo para ser capaces de que la sociedad conozca –y, sí, reconozca– el modo en el que las casi 30.000 ONG activas que hay en España contribuyen a que la sociedad avance, y muy especialmente a que el menor número de personas y colectivos posibles se queden fuera de ese desarrollo. Y muy especialmente los más jóvenes, pues también este año hemos podido comprobar, en un análisis de la conversación digital, que cada vez conocen y entienden menos qué es el tercer sector y lo que hace. Nosotros en la Fundación ya lo estamos intentando, empezando a cambiar el lenguaje y el tono de lo que contamos, y cambiando el punto de vista, para no comunicar lo que nosotros querríamos contar, sino lo que a la gente le puede de verdad interesar.

Que las organizaciones del sector social contemos más y mejor lo que hacemos es especialmente importante, aquí y ahora, porque es necesario para que podamos responder a la que, a nuestro juicio, es la principal oportunidad que se nos presenta, que es, al mismo tiempo, el que humildemente creemos que es el principal desafío de nuestras sociedades: ayudar a construir un lenguaje común y espacios desde los que todos, por encima de lícitas y necesarias diferencias, seamos capaces de encontrar lo que nos une, que es mucho más de lo que nos separa, y juntos pensar a largo plazo y buscar el mejor modo de seguir construyendo. La respuesta a este desafío tendrá que ser, por supuesto, colectiva, pero por sus características específicas –solo les mueve la filantropía y buscan el bien común– las fundaciones y las ONG están especialmente preparadas para tender esos puentes que tanto necesitamos, y jugar un papel destacado en ese proceso.

Y esto sin olvidar, claro, la que es nuestra labor esencial: con “luces cortas”, por decirlo de algún modo, seguir descubriendo quiénes se pueden estar quedando atrás y, sin pretender ocupar el papel que le corresponde al Estado, buscar los mejores modos de ayudarles para que logren integrarse plenamente; y, siguiendo con el símil, con “luces largas”, buscando formas nuevas de detectar y acompañar el talento creativo para poner en marcha estrategias de largo plazo que contribuyan a construir una sociedad mejor, más justa y más humana.



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