La educación con propósito: más allá de la formación profesional

Encontrar una vocación o elegir una profesión suelen considerarse algunos pasos decisivos más importantes en la vida de una persona. Sin embargo, estas decisiones no dependen únicamente de los conocimientos adquiridos o de las oportunidades disponibles. Antes de decidir qué quieren hacer, niños y jóvenes atraviesan otro proceso igual de importante, el de descubrir quiénes son, qué les motiva, cómo se relacionan con los demás y qué valores van a guiar sus decisiones.

Acompañar este proceso ha sido siempre uno de los grandes retos de la educación. Pero ¿qué significa realmente preparar a una persona para el futuro? La respuesta no es sencilla y tampoco ha sido la misma en todos los contextos. Mientras algunos sistemas educativos han priorizado la adquisición de conocimientos o la preparación para el empleo, otros han optado por apostar por la convivencia, la creatividad o el bienestar emocional. Esta última, sin embargo, todavía tiene una presencia limitada en muchos entornos educativos. El I Estudio sobre Educación Emocional en los Colegios en España, elaborado por el Instituto de Inteligencia Emocional y Neurociencia Aplicada (Idiena), estima que únicamente el 5 % de los colegios españoles implanta la educación emocional de forma sistemática o en alguna medida.

Por eso, desde hace décadas la Fundación Botín investiga cómo abordar esta cuestión. Su informe Educación emocional y social. Análisis internacional explica que no existe una única forma de educar ni una receta universal. Las prioridades cambian en función del contexto social, cultural e histórico, pero los distintos sistemas educativos comparten una única preocupación: cómo preparar a niños y jóvenes para desenvolverse en una sociedad en constante transformación y marcada por la incertidumbre y la creciente complejidad social.

Hablar de educación con propósito implica, por tanto, ir más allá de la formación profesional o del rendimiento académico. Significa preguntarse qué capacidades necesitan las personas para aprender a lo largo de la vida, construir relaciones positivas y participar de forma activa en la sociedad.

Bajo esta premisa, este artículo analizará por qué la educación con propósito requiere una mirada integral sobre la persona, qué enseñanzas pueden extraerse de las experiencias en educación emocional, creativa y social en todo el mundo y cuál es el papel que desempeñan estas competencias en la construcción de trayectorias personales y profesionales.

¿Por qué es importante formar personas con propósito?

Durante mucho tiempo, la educación estuvo orientada a preparar a los estudiantes para elegir una carrea, un trabajo de por vida y, en definitiva, un camino relativamente estable. Sin embargo, los cambios tecnológicos, económicos y sociales han transformado esta realidad. Hoy resulta cada vez más difícil anticipar qué conocimientos serán necesarios dentro de unas décadas o cómo evolucionarán las profesiones actuales. Pero la incertidumbre no afecta únicamente al ámbito laboral.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2025, alrededor de 262 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años, aproximadamente uno de cada cuatro, no tendrán empleo ni estarán estudiando o formándose, un dato pone que señala la dificultad de muchos jóvenes para encontrar su lugar en un contexto social y laboral en constante evolución. Como consecuencia, cada vez más sistemas educativos se preguntan qué significa realmente preparar a una persona para el futuro, qué herramientas van a necesitar y, sobre todo, qué función cumple la educación en todo este proceso.

El informe de la Fundación Botín plantea, precisamente, la necesidad de una «educación para lo inesperado» y analiza cómo distintos países están respondiendo a esta realidad. No se trata de una nueva tendencia, de hecho, hace ya casi tres décadas la UNESCO formuló una de las propuestas más influyentes del ámbito educativo, los cuatro pilares de la educación:

  • Aprender a conocer. En las escuelas Lumiar de Brasil, por ejemplo, según el análisis elaborado por la Fundación Botín, el aprendizaje parte de los intereses y necesidades de los estudiantes y se desarrolla a través de proyectos interdisciplinares. El objetivo es despertar la curiosidad y favorecer que los alumnos aprendan a investigar, formular preguntas y construir su propio recorrido de aprendizaje.
  • Aprender a hacer. En Malta, diferentes iniciativas educativas promueven el desarrollo de habilidades como la creatividad, la resiliencia o la capacidad para afrontar situaciones nuevas, competencias cada vez más relevantes en entornos cambiantes.
  • Aprender a convivir. El caso de Dinamarca destaca por situar las relaciones como uno de los principales objetivos de la experiencia educativa. El informe señala que la educación emocional y social impregna la vida escolar y que la responsabilidad de construir relaciones positivas recae, en gran medida, en los adultos que acompañan a los estudiantes.
  • Aprender a ser. Países como Canadá o Finlandia han incorporado el bienestar, la participación activa y el desarrollo personal como elementos relevantes de sus políticas educativas, reforzando la idea de que la educación también contribuye a la construcción de la identidad y la autonomía de las personas.

Por lo tanto, las respuestas son diversas y no existe una fórmula única, pero todas ellas responden a lo mismo: qué capacidades resultan esenciales para formar a una persona con un propósito, que sepa participar activamente en la sociedad y desenvolverse en contextos marcados por el cambio y la incertidumbre.

La educación como pilar de la transformación personal

Llevar esta visión a la práctica exige actuar en distintos niveles: el aula, la formación del profesorado y la reflexión colectiva sobre el papel de la educación en la sociedad. Con este objetivo, la Fundación Botín impulsa diferentes iniciativas orientadas a incorporar la educación emocional y social en distintas etapas y contextos educativos.

  1. ¿Cómo crear escuelas en las que el bienestar emocional, la creatividad y las relaciones formen parte del día a día? Esa es la pregunta a la que trata de responder Educación Responsable, un programa dirigido a niños y jóvenes de entre 3 y 16 años que integra el desarrollo emocional, social y creativo en la vida cotidiana de los centros educativos. A través de recursos, formación y acompañamiento a docentes y familias, el programa busca que competencias como la empatía, la autonomía, la creatividad o la colaboración no se trabajen de forma aislada, sino que formen parte de la experiencia educativa y contribuyan a crear entornos más positivos y participativos.

Uno de los recursos educativos que integran el programa es ReflejArte, una propuesta basada en las artes plásticas y visuales que utiliza obras de arte como punto de partida para trabajar la creatividad, la reflexión y la expresión emocional. A través de diferentes actividades y dinámicas, el alumnado observa, interpreta y comparte sus propias ideas y emociones, desarrollando una mirada personal sobre sí mismo y sobre el entorno que le rodea.

  • ¿Cómo formar a docentes capaces de llevar esta visión al aula? Incorporar la educación emocional y social al aula requiere también docentes preparados para ello. Las investigaciones internacionales subrayan que la calidad de las relaciones y el clima escolar dependen, en gran medida, de las competencias y del bienestar de quienes enseñan. Por este motivo, la Fundación Botín impulsa El Programa de Experto EESC para la Transformación Educativa, dirigido a docentes y profesionales de la educación, con el objetivo de ofrecer herramientas y metodologías para diseñar proyectos educativos basados en las emociones, la creatividad y los vínculos positivos con la comunidad.
  • ¿Cómo abrir una reflexión colectiva sobre la educación que necesita la sociedad? Las respuestas a los desafíos educativos no dependen únicamente de las escuelas. También requieren una reflexión colectiva sobre qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel debe desempeñar la educación en ella. Con este objetivo nació El ciclo de conferencias La Educación que Queremos, un espacio de encuentro que desde hace más de diez años reúne a docentes, familias, estudiantes y expertos para debatir sobre algunos de los principales retos educativos de nuestro tiempo. Más que ofrecer respuestas cerradas, este ciclo busca promover una conversación abierta sobre cómo preparar a niños y jóvenes para afrontar los desafíos del presente y del futuro.

Los obstáculos educativos del presente no consisten únicamente en anticipar los cambios que están por venir, sino en ofrecer a las personas las herramientas necesarias para afrontarlos.  Por lo tanto, hablar de educación con propósito significa, precisamente, asumir esta complejidad. No se trata de ofrecer respuestas definitivas sobre el futuro, sino de proporcionar herramientas para que cada persona pueda construir su propio camino y afrontar los problemas de la vida con creatividad, responsabilidad y sentido de comunidad.



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