Docentes de distintos puntos de España muestran junto a la Fundación Botín que “La escuela que queremos es posible”

  • La undécima edición de La Educación que queremos, el ciclo de conferencias de la Fundación Botín, da comienzo con un encuentro protagonizado por docentes de distintos puntos de España y estrena un formato centrado en sus experiencias en las aulas.
  • En esta sesión, Vidal Díaz, director del Centro La Ribera de Cascante (Navarra); Lorena González, directora del CEIP San Isidoro (León); y Francisco Riquelme, director del CEA Mar Menor de Torre-Pacheco (Murcia), han compartido tres casos de éxito desarrollados en sus colegios, centrados en la inclusión, la participación de las familias y la educación de adultos.
  • Esta nueva edición de La Educación que queremos, desarrollada con el apoyo de la Fundación Edelvives, reúne nueve proyectos seleccionados de entre 35 propuestas presentadas por docentes de toda España. Las próximas sesiones, donde se darán a conocer los seis proyectos restantes, tendrán lugar el 26 de noviembre y el 18 de febrero respectivamente, en formato presencial y online.

¿Cómo conseguir que un adolescente que acumula experiencias de fracaso vuelva a encontrar sentido a la escuela? ¿Puede un colegio con apenas diez alumnos y riesgo de desaparición convertirse en un centro con cerca de 200 estudiantes? ¿Qué necesita una persona adulta para volver a estudiar y creer de nuevo en sus capacidades? Estas son algunas de las preguntas que han centrado “La escuela que queremos es posible”, el primer encuentro del curso 2026/27 de La Educación que queremos, el ciclo de conferencias que la Fundación Botín desarrolla con el apoyo de la Fundación Edelvives, y en el que este año se comparten buenas prácticas y se reconoce la labor docente en un momento en el que la calidad, la inclusión y el fracaso escolar vuelven a poner al sistema educativo en el punto de mira.

Para ello, esta primera sesión ha reunido en la Fundación Botín de Madrid a Vidal Díaz, director del Centro La Ribera de Cascante (Navarra); Lorena González, directora del CEIP San Isidoro (León); y Francisco Riquelme, director del CEA Mar Menor de Torre-Pacheco (Murcia). Tres centros y tres realidades muy distintas que comparten una misma idea: la transformación educativa empieza por cambiar la mirada sobre las personas y la forma en la que toda la comunidad se implica en su aprendizaje.

Volver a creer en quienes acumulan fracasos

¿Qué ocurre cuando un alumno lleva años relacionando la escuela con el fracaso? Esta es la realidad con la que trabaja desde hace 25 años Vidal Díaz en el Centro La Ribera de Cascante: adolescentes de 14 y 15 años con dificultades de adaptación que, en palabras del docente, “ponen a prueba las costuras de un sistema educativo que aspira a ser inclusivo”.

Su propuesta parte de cambiar el contexto en el que estos jóvenes aprenden. Frente a una sucesión de experiencias negativas, plantea generar situaciones en las que puedan experimentar el éxito, asumir un papel activo y recuperar la confianza en sus propias capacidades. “Lo primero que debemos hacer es cambiar el contexto para que, tras todas las experiencias de fracaso, puedan experimentar el éxito. ¿Permaneceríamos en el lugar donde hemos fracasado una y otra vez?”, ha planteado Díaz, quien defiende la necesidad de que el sistema educativo sea capaz de responder a todos los alumnos: “Los “buenos”, los “excelentes”, los “más piezas” … Todos y todas son parte de nuestro alumnado y les debemos una respuesta adecuada”. Para ello, reivindica un docente que vaya más allá de la transmisión de conocimientos y actúe como facilitador de experiencias de aprendizaje, con el vínculo y la confianza como herramientas educativas.

De diez alumnos a cerca de 200

Hace ocho años, el CEIP San Isidoro de León tenía apenas diez alumnos y algunos se referían a él como “el colegio gueto”. Hoy cuenta con cerca de 200 estudiantes. Lorena González, su directora, ha explicado cómo esa transformación comenzó con un gesto aparentemente sencillo: abrir la escuela a las familias y al barrio, permitiendo que dejaran de sentirse visitantes, dando mayor protagonismo al alumnado y reconstruyendo la confianza alrededor del centro. “Poco a poco, la escuela comenzó a convertirse en una comunidad en la que las familias participan, los niños son protagonistas de su aprendizaje y el barrio forma parte del proyecto educativo”, ha subrayado.

Las historias de alumnos como Alma y Oliver muestran qué significa ese cambio a pequeña escala. Una niña que no conseguía hablar en clase terminó presentando un proyecto ante otras familias. Un alumno incapaz de pronunciar unas palabras sobre un escenario acabó convirtiéndose en maestro de ceremonias de un recital escolar. “Una escuela puede cambiar la trayectoria de un niño cuando consigue que deje de verse a través de sus dificultades y empiece a verse a través de sus posibilidades. A veces estamos tan preocupados por las competencias, las metodologías y la evaluación, que olvidamos lo esencial: delante de nosotros hay un niño que necesita sentirse visto, escuchado y valorado”, ha señalado González.

Volver a estudiar también significa volver a empezar

Para muchas personas adultas, regresar a las aulas supone mucho más que obtener un título. Así lo ha defendido Francisco Riquelme, director del CEA Mar Menor de Torre-Pacheco (Murcia), un centro en el que conviven más de 20 nacionalidades y se imparten ocho enseñanzas diferentes.

Su experiencia parte de la necesidad de convertir la educación de adultos en una segunda oportunidad real para personas cuya trayectoria estuvo marcada, en muchos casos, por experiencias anteriores de fracaso. Un enfoque que inspiró el proyecto Ser+, basado en la Indagación Apreciativa y el denominado “Paradigma del Sí”, que busca sustituir la inercia del “no se puede” por la construcción de una visión compartida entre alumnado y profesorado. El proceso ha permitido reducir el absentismo, recuperar la implicación del profesorado y avanzar hacia un modelo de dirección basado en la escucha, el cuidado y el bienestar emocional.

“La educación de adultos no es un simple trámite académico; es una oportunidad vital para sacudirse etiquetas de incapacidad y reescribir su propia historia. Para transformar la escuela debemos dejar de mandar e imponer, y comenzar a cuidar a los docentes e inspirar a los alumnos. Cuando alientas las fortalezas de una persona y admiras su potencial, la educación demuestra su verdadero poder: el de transformar vidas para siempre”, ha señalado Riquelme.

Nueve proyectos para llevar la experiencia de los docentes al centro

Esta sesión ha inaugurado la undécima edición de La Educación que queremos, un programa de conferencias con el que la Fundación Botín quiere demostrar que otro modo de educar es posible y, con esta nueva edición, da un paso más mostrando casos y experiencias reales que abalan esta afirmación. Para ello, este curso se estrena un nuevo formato, protagonizado por los propios docentes. De las 35 propuestas presentadas a la convocatoria, nueve han sido seleccionadas para participar en los tres encuentros previstos. Así, el ciclo continuará el 26 de noviembre, con experiencias vinculadas a la inteligencia emocional y la inteligencia artificial, la gamificación y sus aplicaciones en el aula, y el 18 de febrero, con una sesión dedicada a la neuroeducación y nuevas metodologías educativas.

Desde su creación en 2016, La Educación que queremos ha celebrado 57 conferencias, ha reunido a más de 15.000 personas—más de 7.000 de forma presencial y más de 8.000 en línea— y sus contenidos superan ya las 235.000 visualizaciones.

El ciclo forma parte de la apuesta de la Fundación Botín por una educación que favorezca el crecimiento saludable de niños y jóvenes y potencie su talento y creatividad. En esta línea, su área de Educación también desarrolla Educación Responsable, un programa dirigido al desarrollo emocional, social y creativo a través de las artes, y el Programa de Experto EESC para la Transformación Educativa, una formación universitaria orientada a fortalecer el vínculo entre profesor y alumno y desarrollar competencias personales aplicables en los centros educativos.

*Más información e inscripción: haciendo clic AQUÍ  yeducacion@fundacionbotin.org

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Créditos al fotógrafo: David Fernández Graña de Banuka Estudio.



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