El compromiso social joven está cambiando. Lejos de desaparecer, está adoptando nuevas formas que responden a una generación más flexible, digital y conectada con su realidad. A menudo se dice que los jóvenes participan menos o que están menos implicados en los problemas sociales. Sin embargo, cuando se observan sus preocupaciones y la forma en la que se relacionan con su entorno, la cuestión es algo más compleja. El interés está ahí, pero no siempre se traduce en las muestras de participación que tradicionalmente se han considerado como compromiso.
Según el último Informe Juventud en España, realizado por el Instituto de la Juventud, al menos el 60 % de las jóvenes conceden una importancia de 8 o más puntos sobre 10 a los siguientes temas: la situación económica, el trabajo, la vivienda, la educación o la salud mental. Con una nota que no baja del 7, les siguen los problemas medioambientales o la desigualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, registran poca participación en entidades como partidos políticos (2 %), sindicatos (4 %), organizaciones de estudiantes (5 %), ONGs (6 %) y grupos ecologistas (4 %). Esta diferencia no responde tanto a una falta de motivación, sino a la dificultad de encontrar espacios de participación que se adapten a su manera de vivir, a sus tiempos y a sus intereses.
El contexto en el que crecen también influye. Se trata de una generación expuesta de forma constante a información global, que convive con la incertidumbre económica, la crisis climática y la transformación digital. Esto condiciona qué les preocupa y también cómo entienden su papel dentro de la sociedad.
En este escenario empiezan a tomar forma las vocaciones transformadoras: una manera de implicarse que no siempre pasa por estructuras tradicionales, sino por formas de participación más flexibles, más cercanas y, sobre todo, más conectadas con su día a día. Un cambio que interpela a los jóvenes, pero también al propio tercer sector, que necesita adaptarse para poder canalizar estas nuevas formas de implicación.
En este artículo analizamos cómo está evolucionando el compromiso social entre los jóvenes, qué factores influyen en su implicación y qué nuevas formas de participación están surgiendo para dar respuesta a una generación más flexible y conectada.

¿Cómo inspirar a los jóvenes a comprometerse socialmente?
Según datos del Ministerio de Sanidad, un 22,9 % de los adolescentes en España afirma tener altas expectativas de participar en voluntariado en el futuro. Sin embargo, más de la mitad reconoce una baja intención de implicarse en actividades relacionadas con su comunidad. Por tanto, si el interés existe, ¿qué está fallando para que no siempre se traduzca en participación? A continuación, recogemos algunas razones que pueden estar detrás de esta contradicción:
- Las formas más tradicionales de participación —como el voluntariado continuado o la pertenencia a asociaciones— suelen exigir un nivel de apoyo continuo. Para muchos jóvenes, esto resulta difícil de compatibilizar con los estudios, el trabajo o una rutina inestable. Por lo tanto, no es tanto una cuestión de motivación, sino de falta de entendimiento entre lo que se ofrece y lo que necesitan.
- A esto se suma un cambio en la manera de entender el compromiso. Hoy, participar no responde únicamente a una lógica altruista. Para muchos jóvenes, también significa aprender, adquirir experiencia, relacionarse con otros o construir su propio camino. En este sentido, implicarse en lo social es contribuir a una causa y una forma de desarrollo personal, donde conviven motivaciones individuales y colectivas. Por ello, la oferta social tiene también que añadir valor.
- En paralelo, también ha cambiado el modo en que se construye la participación. Los jóvenes se mueven en entornos más inmediatos, donde la información circula rápido, las decisiones son más horizontales y la implicación puede ser puntual, pero significativa. En ese contexto, la digitalización no es un elemento accesorio, es una condición clave para conectar con ellos. Según el Eurobarómetro del Parlamento Europeo, las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información para los jóvenes en España, por delante de la televisión. Plataformas como Instagram o TikTok no solo sirven para informarse, sino también para debatir, organizarse y dar visibilidad a causas sociales.
- También influye la necesidad de ver resultados inmediatos. Cuando una acción tiene un impacto claro —aunque sea pequeño— es más fácil que se mantenga en el tiempo. En cambio, cuando ese impacto no se percibe, la motivación se diluye. Por eso, cada vez tienen más peso las iniciativas donde los jóvenes pueden ver de forma directa para qué sirve su implicación.
Frente a estas barreras, están surgiendo formas de participación más flexibles y cercanas a la realidad de los jóvenes. Por ejemplo: las campañas digitales permiten informarse, posicionarse y movilizar a otros en torno a un tema concreto; el microvoluntariado facilita colaborar en acciones puntuales sin necesidad de asumir un compromiso a largo plazo, y los proyectos comunitarios impulsados por jóvenes —así como otras iniciativas lideradas por ellos mismos— ofrecen la posibilidad de actuar directamente sobre su entorno, con mayor autonomía y capacidad de decisión.
Estas formas de participación no sustituyen a las tradicionales, pero sí amplían las posibilidades de implicación. En muchos casos actúan como una puerta de entrada: permiten empezar, probar, equivocarse y aprender, haciendo que el compromiso tenga sentido desde el principio.
Por eso, más que preguntarse cómo motivar a los jóvenes, la cuestión está en cómo acompañar ese interés y ofrecer espacios donde pueda convertirse en acción. Cuando esto ocurre, las vocaciones transformadoras dejan de ser una intención y se convierten en experiencias concretas de participación, más flexibles, más significativas y conectadas con la realidad de quienes las protagonizan.

Entornos que impulsan nuevas formas de compromiso social
Para que estas nuevas formas de compromiso se consoliden, no basta con que exista interés por parte de los jóvenes: también hacen falta organizaciones y entornos capaces de canalizarlo. Esto implica que el propio sector evolucione y se adapte a nuevas maneras de participación.
En los últimos años, el tercer sector se enfrenta a cambios profundos vinculados a la digitalización, la transformación del empleo y nuevas formas de organización social. En este contexto, las entidades ya no pueden apoyarse únicamente en modelos tradicionales de voluntariado, sino que necesitan abrirse a formas de implicación más diversas, flexibles y conectadas con la vida cotidiana de las personas jóvenes. Así lo recoge el informe El Tercer Sector de Acción Social en España (2008-2024): desarrollo, impacto y retos a futuro, presentado por la Fundación Botín con motivo del 15 aniversario de su programa Talento Solidario, que recoge que uno de los principales problemas es, precisamente, saber adaptarse a estas nuevas formas de implicación, incorporando mayor flexibilidad en el voluntariado, avanzando en digitalización y reforzando su capacidad para atraer y canalizar talento.
En esta línea, el programa Talento Solidario de la Fundación Botín trabaja con organizaciones sociales para reforzar su estructura interna y su capacidad de acción. A través de la incorporación de profesionales, la formación y el acompañamiento, estas entidades pueden mejorar su funcionamiento, adaptarse a nuevos contextos y abrirse a las nuevas generaciones con formas de participación más flexibles, digitales y diversas. De este modo, no solo desarrollan mejor su actividad, sino que también generan espacios en los que distintas formas de compromiso pueden encontrar su lugar. Dentro de este mismo programa, El Desafío impulsa proyectos orientados a dar respuesta a problemas concretos de la sociedad. Se trata de iniciativas que parten de necesidades reales y que buscan traducirse en acciones tangibles, capaces de generar cambios visibles. Este tipo de propuestas conectan con una forma de implicarse muy presente entre los jóvenes, en la que la acción directa y la posibilidad de ver resultados son elementos fundamentales para sostener el compromiso.
A esta idea de apertura a nuevas formas de implicación se suma también Talento Rural Joven, un programa de la Fundación Botín dirigido a jóvenes cántabros con fuertes vínculos con el medio rural. La iniciativa propone un itinerario de aprendizaje que fomenta la innovación, el desarrollo de habilidades personales y la colaboración, con el objetivo de que los participantes puedan implicarse activamente en el futuro de su territorio.
El compromiso de los jóvenes también se canaliza a través del ámbito público mediante el programa Fortalecimiento de la Función Pública en América Latina, que impulsa la implicación de jóvenes universitarios en la mejora de sus sociedades. A través de la formación, el desarrollo de competencias y el fomento de valores como la integridad, la proactividad y la vocación de servicio, la iniciativa busca contribuir al fortalecimiento de las instituciones y al desarrollo social y económico de la región. De este modo, amplía las vías de implicación, incorporando también el servicio público como espacio desde el que generar impacto.
También se suman a este impulso juvenil otras iniciativas vinculadas al Centro Botín, como ON Creación, programa dirigido a jóvenes que desean expresar sus inquietudes a través del arte. Desde esta perspectiva, el compromiso no se canaliza únicamente a través de la intervención social directa, sino también mediante espacios de creación desde los que los jóvenes pueden formular preguntas, profundizar en sus ideas, compartir miradas y conectar con su entorno de una forma significativa.
En conjunto, estos programas contribuyen a configurar un entorno más abierto y adaptable, en el que el compromiso social puede desarrollarse de manera progresiva y conectada con la realidad de las personas, donde las vocaciones transformadoras encuentran un terreno fértil donde crecer. Porque cuando existen espacios capaces de adaptarse a nuevas formas de implicación, el compromiso deja de ser una intención y se convierte en una experiencia real, con impacto tanto en quienes participan como en la sociedad en su conjunto.


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