En tiempos de IA, volver al cole es volver a lo esencial: así son los centros de Educación Responsable 

Septiembre es comienzo. Vuelven las aulas, las reuniones de equipo, los reencuentros, los nombres nuevos en las listas y también esas preguntas que acompañan cada inicio de curso: ¿qué necesitan nuestros alumnos y alumnas hoy?, ¿cómo queremos acompañarlos?, ¿qué escuela queremos construir juntos? 

Son preguntas especialmente relevantes en un momento en el que la inteligencia artificial y la tecnología están transformando nuestra forma de aprender, comunicarnos, trabajar y relacionarnos. Nunca habíamos tenido tanto conocimiento al alcance de la mano ni herramientas capaces de hacer tantas cosas por nosotros. Y, precisamente por eso, la educación tiene ante sí un reto apasionante: seguir poniendo en valor aquello que nos hace profundamente humanos

Aprender a reconocer lo que sentimos. Escuchar y comprender a los demás. Pensar con criterio. Crear. Convivir. Expresarnos. Afrontar la incertidumbre. Cuidarnos y cuidar. Construir vínculos. 

Todo esto ocurre cada día en los más de 1.000 centros educativos que forman parte de la Red Internacional Educación Responsable de la Fundación Botín, a los que este curso 2026/2027 se incorporan 100 nuevos centros

Pero ¿qué distingue a un centro que forma parte de Educación Responsable

Centro que entienden la educación de forma integral

Un centro Educación Responsable no se diferencia porque añada una asignatura más a su horario ni porque reserve una hora semanal para hablar de emociones. Se diferencia, sobre todo, por una manera de mirar la educación. 

Por entender que enseñar también es acompañar a niños y jóvenes en su desarrollo afectivo, social y creativo. Que el bienestar del alumnado está estrechamente relacionado con su capacidad para aprender. Que una buena convivencia se construye. Que la creatividad se puede entrenar. Y que para cuidar a los alumnos también es necesario cuidar a quienes educan

De hecho, Educación Responsable está pensado para aquellos centros que quieren potenciar el desarrollo integral de su alumnado, fortalecer el vínculo entre docentes y estudiantes, cuidar el bienestar del profesorado y de toda la comunidad educativa y favorecer un buen clima de convivencia.  

Porque las competencias emocionales, sociales y creativas no son un complemento de la educación. Son parte de ella. 

Los resultados de la evaluación externa a la que cada año se somete el Programa muestran cambios relevantes: el 83,2 % del profesorado considera que las competencias sociales, emocionales y creativas del alumnado mejoran mucho o bastante tras su participación en el Programa. La evaluación psicológica refleja también una mejora del 8 % en autoconocimiento emocional y del 15 % en creatividad, junto con una disminución del retraimiento del 19,8 % y de la agresividad de hasta un 23 %.  

Una transformación que pasa por el profesorado 

Nada de esto sucede de un día para otro. Educación Responsable plantea un proceso de tres años de formación, implementación y acompañamiento que implica al conjunto del claustro y que permite que cada centro vaya haciendo suyo el Programa desde su propia realidad. 

El profesorado encuentra formación para profundizar en el desarrollo afectivo, social y creativo; recursos educativos que permiten trabajar estas competencias desde los 3 hasta los 16 años y de manera transversal en las diferentes áreas curriculares; y un acompañamiento que ayuda a integrar progresivamente esta mirada en la vida cotidiana del centro. 

Y ahí reside una de las claves: Educación Responsable no propone una receta idéntica para todas las escuelas. Ofrece herramientas, formación y una metodología, pero son los equipos docentes quienes las adaptan a sus estudiantes, sus necesidades y su contexto. 

Así lo explica Belén González Gallardo, del CEE Dr. Fernando Arce, en Cantabria, cuando habla de cómo la implementación del Programa ha supuesto “una evolución significativa en la forma de enseñar y aprender”, adaptando las actividades para garantizar la participación activa de todo el alumnado. Una inclusión que, señala, ha sido posible gracias al compromiso del profesorado.  

Cuando cambia la forma de enseñar, también cambia la forma de aprender 

Los testimonios de los centros de la Red muestran que ese cambio termina llegando a muchos lugares de la vida escolar. 

En el IES Francisco Salzillo, en Murcia, Herminia Sevilla Cerón explica que el Programa ha cambiado su manera de educar y que recursos vinculados a la literatura y música han contribuido a fortalecer la autorregulación, la empatía y la capacidad creativa del alumnado. El resultado, señala, son estudiantes más conscientes, participativos y capaces de gestionar lo que sienten.  

Desde Chile, Jaime Rubina, del Liceo Bicentenario de Excelencia Altamira, pone el acento en otro reto muy conectado con nuestro tiempo: la capacidad crítica. El Programa, explica, ha ayudado a sus estudiantes a comprender mejor cómo les afecta la información que consumen, identificar sesgos y manipulaciones, expresar sus ideas con mayor seguridad y descubrir la creatividad como una herramienta para comprender el mundo actual.  

Una Red en la que ningún centro camina solo 

Sin embargo, hay algo más que define a Educación Responsable: la Red

Formar parte del Programa significa descubrir que muchas de las preguntas que surgen dentro de un claustro también están siendo planteadas a cientos o miles de kilómetros de distancia. Significa compartir experiencias, buenas prácticas, dudas, aprendizajes y una misma voluntad de seguir mejorando la educación. 

Hoy son ya más de 1.000 centros los que forman parte de esta comunidad internacional. 

En España participan centros de Cantabria, Madrid, La Rioja, Navarra, Galicia, Murcia, Castilla y León, Aragón, Islas Baleares, Comunidad Valenciana y Cataluña. Y esa comunidad continúa creciendo al otro lado del Atlántico: en Uruguay, Chile, México, Perú, Honduras, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Argentina

Una expansión que no sería posible sin otra red igualmente importante: la formada por más de 35 instituciones colaboradoras que hacen posible que Educación Responsable llegue a cada territorio, acompañando su desarrollo desde el conocimiento y la cercanía a su realidad educativa. 

Un nuevo curso para seguir creciendo juntos 

Cada septiembre estrenamos cuadernos, horarios y proyectos. Pero también estrenamos oportunidades. La oportunidad de mirar de nuevo a ese alumno al que todavía no terminamos de llegar. De preguntarnos cómo está la compañera que tenemos al lado. De crear espacios donde todos puedan sentirse parte. De escuchar más. De atrevernos a hacer las cosas de otra manera. 

En un tiempo marcado por la inteligencia artificial, la velocidad y el cambio constante, quizá la gran innovación educativa consista también en algo tan esencial como esto: enseñar a nuestros niños y jóvenes a ser cada vez más conscientes, autónomos, creativos, empáticos y capaces de construir relaciones saludables con los demás y consigo mismos

Eso es lo que miles de docentes están haciendo ya desde la Red Educación Responsable

Este septiembre, cien nuevos centros comienzan ese camino. 

Y con ellos seguimos construyendo una Red cada vez más grande, diversa y conectada. Una Red que crece en número, sí, pero sobre todo en experiencias, aprendizajes, vínculos y personas comprometidas con una educación que prepara para la vida. 



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