Contaminantes emergentes en el agua: actuar en origen para prevenir

Por Delia Marina Andries, investigadora predoctoral del Observatorio del Agua de la Fundación Botín.


No cabe duda de que los avances en el conocimiento científico son un motor de cambio, ya que contribuyen a identificar nuevos desafíos para la sociedad y a diseñar soluciones para abordarlos. Un ejemplo de cómo la ciencia cambia el cómo percibimos la realidad es la calidad del agua que circula por ríos y acuíferos y que, tras ser tratada, llega a nuestras casas.


Ya desde el siglo pasado, los conocimientos científicos en materia de agua de consumo humano se han ido reflejando en la legislación europea y española para garantizar que podamos beber el agua del grifo sin poner en riesgo la salud. En este sentido, en España el Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo vela por el cumplimiento de los estándares de calidad en vigor en cada momento.


Recientemente, los avances científicos han permitido detectar en el agua de ríos y acuíferos varias sustancias de cuya presencia no se tenía conocimiento hasta hace pocos años; sustancias que pueden tener efectos sobre la salud humana y los ecosistemas acuáticos. Esto es lo que llamamos “contaminantes emergentes”, entre los que se cuentan los microplásticos, las PFAS y los fármacos. Los contaminantes emergentes llegan a ríos y acuíferos de varias maneras, siendo una de ellas a través de las aguas residuales que generamos en nuestras casas, ya que los sistemas de tratamiento de aguas residuales actuales no están preparados para eliminarlos del agua que vuelve al medio natural. Mientras los fármacos, producto de nuestro uso de medicamentos, afectan principalmente a la biodiversidad acuática, la exposición a los microplásticos y las PFAS está asociada con numerosos efectos negativos sobre la salud humana. Los microplásticos provienen de la degradación del plástico que usamos en nuestro día a día y las PFAS se encuentran en objetos de uso cotidiano, como prendas impermeables o sartenes antiadherentes.


Para que esos contaminantes no lleguen a ríos y acuíferos, y de ahí a nuestros grifos, lo más eficaz y eficiente es retirarlos de las aguas residuales urbanas antes de que sean vertidas a los ríos o al mar. Eliminar estas sustancias requiere de tecnologías de tratamiento muy avanzadas. La buena noticia es que estas tecnologías ya existen y llevan años siendo aplicadas para otros fines (solo tenemos que adaptarlas para eliminar estos contaminantes emergentes). Esta adaptación, y su puesta en marcha en las plantas de tratamiento de agua, necesita tiempo e inversión, en cuantías que van aumentando con la concentración poco a poco de estos contaminantes emergentes en el agua (residual o para consumo humano) que haya que tratar.


Mientras se avanza con la mejora de los sistemas de detección y remoción de los contaminantes emergentes, es también esencial trabajar en reducir su concentración en origen. Esto implica el compromiso de los fabricantes de buscar alternativas al uso de estas sustancias en sus productos. Al mismo tiempo, como consumidores, podemos contribuir a abordar este reto utilizando solo la cantidad estrictamente necesaria de plásticos, productos cosméticos y farmacéuticos. Y por supuesto, podemos contribuir haciendo un uso eficiente del agua, ya que toda agua que sale de nuestros grifos requiere después ser limpiada en las depuradoras, lo que supone un importante gasto de energía y materiales.
Desde enero de 2024, las empresas de abastecimiento tienen que vigilar la concentración de ciertos contaminantes emergentes en el agua de grifo para garantizar que, en todo momento, sea segura para el consumo humano. Para conseguirlo de manera eficaz y sostenible – económica y ambientalmente – es esencial que los operadores, los fabricantes y la sociedad en su conjunto contribuyamos a abordar este nuevo reto desde nuestro ámbito de acción.



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