¿Se puede vivir sin leer? ¿Los libreros compran libros? Paz Gil, una de las libreras más queridas de este país, al frente de la Librería Gil en Santander, Premio Nacional a la Mejor Librería Cultural de España 2013 y cuarta posición en el ranking «Lo mejor de la cultura 2025» de Fundación Contemporánea, reflexiona sobre el placer y el conocimiento que aporta la lectura y el papel esencial de las librerías como espacios de encuentro y servicio cultural, mucho más allá de un negocio del que vivir.
Leer no solo amplía conocimientos, también transforma la manera en que las personas piensan, interpretan la realidad y se relacionan con su entorno. A partir de esta premisa, Paz Gil, propietaria de la librería Gil en Santander, participa en un nuevo episodio de “Las preguntas de la Fundación Botín”, en conversación con su director general, Íñigo Sáenz de Miera, para reflexionar sobre el valor de la lectura en la sociedad actual.
La librería Gil cuenta con distintos reconocimientos, como el Premio Nacional a la Mejor Librería Cultural de España 2013 o la cuarta posición en el ranking «Lo mejor de la cultura 2025» de Fundación Contemporánea. Durante el episodio, Gil defiende que la lectura es una herramienta fundamental para adquirir conocimiento y desarrollar criterio propio. “Nosotros pensamos con las palabras”, afirma, subrayando la relación entre lenguaje y pensamiento. En este sentido, sostiene que cuanto mayor es el vocabulario, mayor es también la capacidad de construir ideas, comprender la realidad y formar criterio.
Leer, además, no se limita al conocimiento. “Es también una forma de acceder a experiencias a las que no tenemos acceso en nuestra propia vida”, apunta. Así, la lectura facilita entender otras realidades y enriquecer la forma en que las personas se relacionan con su entorno.


Qué escoger en una estantería llena de posibilidades
El episodio aborda también cómo la transformación digital ha alterado el ecosistema editorial. La autoedición y las nuevas herramientas tecnológicas han facilitado la escritura y la publicación de libros, multiplicando el número de títulos disponibles. Ese aumento, sin embargo, no siempre implica una mayor exigencia. “La gente está escribiendo mucho más y mucho más rápido”, señala Gil, que advierte de que esta aceleración puede afectar a los procesos de revisión y a la calidad. El cambio es, sobre todo, de contexto. Hoy se publican muchos más libros y el lector tiene más dificultad para orientarse. “El lector muchas veces no sabe elegir”, reconoce Gil.
Con el tiempo, muchos libros dejan de leerse y solo algunos se consolidan como referencia. Pero ese criterio llega tarde para el lector. Por eso la labor del librero resulta tan importante. Su función consiste en ayudar a elegir entre una oferta cada vez más amplia: “la base del librero es la selección”, afirma. Su trabajo pasa por ordenar la oferta, dar continuidad a determinados títulos y orientar al lector en función de sus intereses. Por tanto, la labor del librero no se limita a la venta, convirtiéndose, así, en un servicio cultural. Como resume Gil, “es un lugar de encuentro, un lugar de transmisión”.
La formación del librero y las condiciones del sector
Esta labor de selección exige algo más que interés por la lectura. Implica conocer el sector, manejar un volumen constante de novedades y saber aconsejar a lectores con perfiles muy distintos. No es un trabajo que se pueda improvisar. “Los libreros tienen que formarse”, afirma Gil, al señalar la ausencia de una formación específica que prepare para ejercer el oficio.
A esta necesidad se suma otra cuestión que afecta directamente al funcionamiento del sector, destacando la falta de medidas que tengan en cuenta la función de estos espacios dentro del sistema cultural. En concreto, Gil menciona la forma en la que se gestionan las compras públicas de libros, que en muchos casos no favorecen a las librerías locales, a pesar de que el precio está regulado y es el mismo en todos los puntos de venta. En este sentido, plantea la importancia de establecer mecanismos que refuercen la relación entre librerías, bibliotecas y centros educativos, de modo que puedan desempeñar un papel más activo en la distribución y recomendación de libros. Una cuestión que, más que ver con ayudas directas, tiene que ver con cómo se organiza el acceso a los libros y con el lugar que ocupan las librerías dentro de ese proceso.
Con este episodio, “Las preguntas de la Fundación Botín” invita a reflexionar sobre el valor de la lectura como una herramienta para construir criterio en un contexto en el que todo sucede con rapidez y la información es constante, y reconoce la labor de las librerías y los libreros al orientar al lector y facilitar el acceso a lecturas que le permitan comprender mejor el mundo.





