Sebastián Ceria, máximo accionista del Real Racing Club de Santander en España y presidente de su fundación, es una figura poco habitual en el mundo futbolístico. Matemático de formación, emprendedor especializado en algoritmos financieros y filántropo argentino, explica qué le llevó a involucrarse en el club y cómo traslada un enfoque humanista y creativo a este deporte y a sus jugadores.
El fútbol puede ser mucho más que un espectáculo deportivo. En el nuevo episodio de “Las preguntas de la Fundación Botín”, Sebastián Ceria e Íñigo Sáenz de Miera conversan sobre el potencial del deporte rey para fortalecer los vínculos sociales y contribuir al desarrollo personal de los jóvenes.
Para Ceria, el fútbol se ha convertido en uno de los pocos espacios donde puede cultivarse un sentimiento de comunidad auténtico, destacando la capacidad del deporte para unir a personas de distintas edades, profesiones o ideologías. “En un estadio de fútbol no se pregunta si eres rico o pobre, ni de qué partido político eres. Cuando llega el gol, te abrazas con el de al lado como si fuera tu hermano”, puntualiza, subrayando la transversalidad de este deporte.
Ceria señala que esta capacidad de generar identidad y cohesión social cobra especial relevancia en un contexto marcado por el discurso individualista y el odio. “En un mundo donde surgen las grietas, las divisiones y muchas veces se trabaja en lo que nos separa, el fútbol trabaja en las cosas que nos unen”, reflexiona, subrayando el valor de canalizar emociones colectivas de forma positiva y fortalecer vínculos sociales.
Una nueva forma de entender el fútbol
Su implicación en el Racing de Santander forma parte de lo que él llama “su etapa humanista”. Para Ceria, su labor en el club no se limita a un interés por los resultados deportivos, sino que busca lograr que el fútbol tenga un impacto social positivo. “Tiene que servir para algo más que entretenernos”, insiste, incidiendo en que el deporte puede convertirse en un catalizador de valores colectivos.
Esta idea implica que los éxitos en el campo de juego dependen de la cohesión, la actitud y la inteligencia emocional del equipo, más que del talento individual: “Ganar un partido no es exclusivamente función de la pelota ni del talento. Es función de dónde está tu cabeza, de tu actitud y de si sois un equipo”, explica. Así, el fútbol se transforma en un medio para fomentar hábitos positivos y fortalecer la resiliencia de los jugadores y de la comunidad en torno al club.
La creatividad también ocupa un lugar fundamental en la forma en que Ceria entiende la educación y el deporte. Para él, ser creativo significa cuestionar lo establecido, explorar nuevas ideas y atreverse a descubrir los límites conocidos: “Para mí, la creatividad es empujar la frontera”, asegura y, en su opinión, la creatividad no es una cualidad reservada a unos pocos, sino una capacidad que puede desarrollarse desde la infancia si se generan los entornos adecuados para ello.
La incorporación de las artes en la formación de la cantera
Esta filosofía se refleja en el trabajo que el Racing desarrolla con los jóvenes de su cantera, donde la formación busca ir más allá del entrenamiento deportivo. “No podemos desarrollar solo la mente futbolística o la mente matemática. También tenemos que desarrollar la mente artística”, explica Ceria. Con ese objetivo, en 2024 el Racing de Santander firmó un acuerdo de colaboración con el Centro Botín para trabajar de manera conjunta en el desarrollo de la creatividad de los jugadores de fútbol base del club y del equipo técnico, todo ello a través de las artes y las emociones que estas producen.
Así, a través de talleres y dinámicas inspiradas en el trabajo que el Centro Botín desarrolla en el ámbito de la creatividad y las emociones junto al Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, los jugadores participan en actividades que les invitan a observar, interpretar y responder a situaciones desde perspectivas distintas a las habituales en el terreno deportivo.
El objetivo de esta colaboración es ampliar la manera en que los jóvenes se relacionan con su entorno, ayudándoles a desarrollar habilidades como la creatividad, la empatía, la escucha o la capacidad de tomar decisiones en contextos complejos. Competencias que, según Ceria, no solo contribuyen a su desarrollo personal, sino que también pueden influir positivamente en su forma de entender el juego y el trabajo en equipo.
Para el presidente de la Fundación Real Racing Club, la prioridad sigue siendo formar personas completas antes que futbolistas profesionales: “Lo primero que queremos es que sean buenos chavales, chavales educados que juegan al fútbol”. Integrar el arte en su formación permite, precisamente, ampliar su mirada sobre el mundo y ofrecerles herramientas que los acompañarán tanto dentro como fuera del campo.



El Racing como proyecto colectivo de la sociedad cántabra
Esa visión se refleja en su labor con el Racing de Santander, un club que Ceria entiende como algo más que una entidad deportiva. Para él, el equipo representa un espacio compartido donde la sociedad cántabra puede reconocerse y construir un proyecto colectivo.
Uno de los objetivos ha sido recuperar el sentimiento de pertenencia que históricamente ha rodeado al club. “Hemos rescatado ese racinguismo subyacente que existía en la sociedad cántabra”, explica. Más allá de los resultados deportivos, Ceria defiende que el club puede desempeñar un papel relevante en la vida social de la región. “El Racing es una historia de superación. Es un desafío para la sociedad cántabra, para Santander, para creer que entre todos podemos lograr algo mucho mejor de lo que ocurrió hasta ahora”, afirma.
Con este episodio, “Las preguntas de la Fundación Botín” invita a reflexionar sobre cómo el fútbol, uno de los fenómenos culturales más extendidos del mundo, puede convertirse en una herramienta para fortalecer los vínculos sociales, fomentar la creatividad y contribuir a la formación de personas capaces de construir una sociedad más abierta, colaborativa y, sobre todo, humana.





