La forma en que niños y jóvenes se relacionan ha cambiado. A los espacios de convivencia tradicionales se han sumado nuevos canales de comunicación e interacción que les permiten entrar en contacto con personas y realidades muy diversas. Aprender a desenvolverse en este contexto requiere también comprender perspectivas, experiencias y formas de pensar distintas.
¿Qué necesitan, entonces, niños y jóvenes para construir relaciones positivas en una realidad social cada vez más compleja? Parte de la respuesta se encuentra enla educación emocional y social y, dentro de ella, en una capacidad fundamental: la empatía.
Su desarrollo sigue siendo, sin embargo, uno de los retos de la educación emocional en España. Según el I Estudio Nacional sobre la Educación Emocional en los Colegios en España, desarrollado por el Instituto de Inteligencia Emocional y Neurociencia Aplicada (Idiena), solo el 5 % de los centros educativos incorpora la educación emocional en su proyecto educativo. Cuando se pregunta al profesorado qué competencias emocionales necesita desarrollar más el alumnado, la empatía ocupa el primer lugar: el 58 % considera que la necesita mucho y el 26 %, bastante, por delante de otras capacidades como la autoestima, el autocontrol o las habilidades de comunicación.
Pero ¿por qué resulta complejo trabajar la empatía en el aula? Ponerse en el lugar del otro requiere algo más que reconocer sus emociones. También implica ser capaz de adoptar una perspectiva diferente a la propia y comprender qué puede pensar, sentir o saber otra persona ante una determinada situación. Es lo que se conoce como “toma de perspectiva”, una capacidad que comienza a desarrollarse durante la infancia y continúa perfeccionándose en la adolescencia, a medida que las relaciones sociales adquieren mayor complejidad.
Aprender a comprender a los demás forma parte, por tanto, de un proceso más amplio de desarrollo personal y social, una visión presente en el trabajo de la Fundación Botín, que desde el ámbito educativo y su programa Educación Responsable promueve el desarrollo emocional, social y creativo de niños y jóvenes para favorecer su autonomía, competencia, solidaridad y bienestar.
La cuestión es cómo trasladar este aprendizaje al aula. Las historias y las artes ofrecen múltiples posibilidades para trabajar la empatía y la toma de perspectiva. A lo largo de este artículo exploraremos por qué y cómo aprovechar su potencial desde la educación emocional, social y creativa.
¿Cómo influyen las historias en el desarrollo de la empatía?
Comprender al otro implica tratar de entender lo que siente o piensa desde sus propias circunstancias. Las historias ofrecen un espacio especialmente valioso para ejercitar esta capacidad porque permiten ir más allá de lo que un personaje hace o dice. El alumnado puede conocer qué ha vivido, qué sabe y qué desconoce, qué teme, qué desea o qué motivos explican sus decisiones. La narración aporta así algo fundamental para desarrollarla empatía: contexto. Esta idea conecta con el planteamiento recogido en el informe de la Fundación BotínArtes, emociones y creatividad: investigación, aplicación y resultados, quesitúa la creatividad y la comprensión social entre las capacidades esenciales para mejorar la vida propia y la de los demás.
Desde esta perspectiva, la imaginación permite explorar situaciones ajenas a la propia experiencia y plantear cómo pueden vivirlas otras personas. En el aula, las historias permiten recorrer ese proceso paso a paso:
- Reconocer la emoción y comprender su contexto. Identificar que un personaje siente miedo, tristeza o alegría es solo el punto de partida. La historia permite explorar qué ha ocurrido, qué sabe ese personaje, qué ha vivido anteriormente o qué espera que suceda. La emoción, por lo tanto, deja de ser entendida como una etiqueta para adquirir significado dentro de una experiencia concreta.
- Situarse en la perspectiva del personaje. Una narración puede hacer que el alumnado conozca algo que el personaje ignora, desconozca algo que él sí sabe o acceda a un mismo acontecimiento desde distintos puntos de vista. Este ejercicio pone en práctica la toma de perspectiva, es decir, distinguir lo conocido de aquello que puede saber, pensar o sentir el otro.
- Contrastar diferentes interpretaciones. Una misma situación puede adquirir significados distintos según el personaje desde el que se observe. Comparar sus emociones, interpretaciones y decisiones permite comprender qué hay detrás de cada respuesta sin reducir el análisis a determinar cuál es la “correcta”.
- Comprender antes de juzgar. Las historias permiten descubrir progresivamente qué experiencias, emociones o circunstancias influyen en las acciones de un personaje. Incorporar esa información ayuda al alumnado a comprender mejor los motivos de su comportamiento antes de emitir un juicio. Comprender sus decisiones no implica justificarlas, sino tener en cuenta las circunstancias desde las que actúa.
El valor educativo de este recorrido está precisamente en detener un proceso que, en las relaciones cotidianas, muchas veces sucede de forma rápida: interpretar una conducta y extraer conclusiones sin disponer necesariamente de toda la información. Las historias funcionan, así, como un espacio de ensayo en el que el alumnado puede practicar formas de comprender a los demás y desarrollar capacidades que le serán útiles en sus relaciones a lo largo de la vida.
Ahora bien, la intervención educativa es la que puede convertir la experiencia artística en una oportunidad para desarrollar capacidades emocionales y sociales. Y las historias son solo una de las formas de hacerlo. La música, el cine o las artes plásticas y visuales ofrecen otros lenguajes desde los que reconocer y expresar emociones, compartir experiencias y acercarse a las de los demás.
Del personaje a la persona: cómo trabajar la empatía a través de las artes
Trasladar este potencial al aula implica convertir la experiencia artística en una oportunidad para explorar cómo piensan, sienten y actúan otras personas. Cada disciplina permite hacerlo desde elementos diferentes: la literatura da acceso a pensamientos, recuerdos o voces narrativas; el cine añade gestos, silencios, imágenes y sonidos; y las artes visuales invitan a observar, formular hipótesis y construir interpretaciones a partir de aquello que muestra una obra.
Este planteamiento está presente en Educación Responsable, el programa de la Fundación Botín para favorecer el desarrollo emocional, social y creativo de niños y jóvenes. A través de actividades vinculadas a distintas manifestaciones artísticas, la obra se convierte en el punto de partida para observar, expresar, interpretar, dialogar y crear. Esta propuesta se concreta en recursos como:
- ProyectArte – Cine. Propone trabajar en el aula a partir de una selección de cortometrajes, acompañados de propuestas lúdicas y dinámicas que fomentan la empatía, el pensamiento crítico y otras habilidades emocionales, sociales y creativas desde un enfoque participativo. Las historias y los personajes permiten detenerse en situaciones concretas, analizar qué sucede y qué información aporta el relato para interpretar comportamientos y relaciones. De este modo, el alumnado puede comprender cada conducta teniendo en cuenta las circunstancias que explican las acciones de los personajes. Además, la propuesta anima al alumnado a pasar de la interpretación a la creación, desarrollando su propio cortometraje y poniendo en juego las capacidades trabajadas a lo largo del programa.
- ReflejArte y Ta-Chán – Artes plásticas y visuales. Plantean un proceso de aprendizaje en torno a una obra artística que combina observación, experimentación y creación. En Primaria y Secundaria (Reflejarte), el recorrido comienza con una actividad de preparación, continúa con el encuentro directo o virtual con la obra y culmina con una creación colaborativa. En Infantil (Ta-chán), esta secuencia se adapta mediante estímulos que despiertan la curiosidad, experiencias de juego y exploración sensorial, el acercamiento a una exposición y una creación final. El proceso permite partir de una percepción propia, compartirla y descubrir cómo otras personas pueden interpretar y experimentar de manera diferente una misma obra.
- El Coro de las Emociones y Crea tu Historia Musical – Música. Proponen utilizar la música como una experiencia de creación colectiva. El primero reúne a todo el alumnado en torno al canto coral, con independencia de sus aptitudes musicales, de modo que cada participante debe escuchar, coordinarse con los demás y contribuir al conjunto. El segundo amplía esta experiencia con la creación colaborativa de una historia que combina elementos musicales, literarios y escénicos. La comprensión del otro se practica aquí dentro del propio grupo, al incorporar aportaciones ajenas y tomar decisiones de manera compartida.
- Lectura y Emociones y Literatura, Emociones y Creatividad – Literatura. Utilizan los libros como punto de partida para el desarrollo emocional, social y creativo. En Infantil, las historias permiten descubrir e identificar emociones y relacionarlas con situaciones cercanas al mundo de los niños. En primaria y secundaria, las propuestas parten de una selección de obras y de la identificación del lector con la narración y sus personajes. La interpretación está condicionada por las experiencias, conocimientos y circunstancias de cada alumno, lo que permite compartir después distintas lecturas de una misma historia y contrastar la perspectiva propia con la de los demás.
En todos estos recursos, el arte permite llevar la empatía a la práctica y convertirla en una capacidad que se ejercita. A través de experiencias adaptadas a cada etapa educativa, el alumnado aprende a relacionarse con otras perspectivas y formas de sentir y expresarse, un aprendizaje que trasciende el aula y puede acompañarle a lo largo de la vida.

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