En este episodio de Las preguntas de la Fundación Botín conversamos con Asier Etxeandia, actor, cantante y, sobre todo, artista polifacético. De niño se encerraba en su cuarto a imitar a Prince, Madonna o Silvio Rodríguez; hoy canta, simplemente, porque le hace feliz. Nos habla de Mastodophonika, su último proyecto musical, y de la necesidad de confiar más en su intuición. Explica la diferencia entre cantar, donde habla de sí mismo, e interpretar, donde presta su cuerpo a una historia ajena. La conversación termina en la responsabilidad de los artistas de reflejar su tiempo y en la capacidad del arte para acercar a una sociedad cada vez más distante.
Cantar puede ser mucho más que interpretar una canción. Puede convertirse en una necesidad, una forma de expresar aquello que resulta difícil poner en palabras y de conectar con los demás a través de las emociones. Sobre el significado de la música, la creación artística y su capacidad para cuestionar el mundo, reflexiona el actor y cantante Asier Etxeandia junto a Iñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín, el nuevo episodio de “Las preguntas de la Fundación Botín”, un pódcast que ha sido grabado en el marco del Festival de Cine de Santander.
Etxeandia creció rodeado de música, cantantes e intérpretes. Para el artista, cantar supone una forma de liberarse de las preocupaciones y conectar con sus emociones, hasta el punto de encontrar en ello una fuente de felicidad. “La música te genera preguntas, te emociona, te ayuda. Canto para curarme”, explica.
Sin embargo, su manera de vivir la música ha cambiado con los años. Si al comienzo de su trayectoria buscaba en el reconocimiento del público una forma de sentirse querido y comprendido, con el tiempo descubrió que esa necesidad de aceptación debía resolverse primero en uno mismo. “Ahora canto porque me hace feliz, no porque esté esperando una reacción, sino porque el hecho de cantar en sí mismo me coloca en un lugar de felicidad”, explica.


La autenticidad frente a la industria
Esta evolución personal también se refleja en su trayectoria profesional. Bajo el título “¿Por qué cantas? ¿Para qué cantamos?”, en este último capítulo del pódcast de la Fundación Botín Etxeandia recuerda su experiencia con Mastodonte, el proyecto musical y escénico que creó junto al músico Enrico Barbaro y cuyo proceso creativo quedó recogido en el documental Etxeandia Mastodophonika, presentado recientemente en el Festival de Cine de Santander. En la conversación, el artista reconoce el desgaste que le produjo sentir que debía demostrar constantemente el valor de su propuesta, una experiencia que le llevó a reflexionar sobre las dificultades de abrirse camino en una industria musical en la que, según señala, resulta complicado encontrar espacio para quienes se alejan de los cánones predominantes.
A pesar de todo, defiende la importancia de confiar en las propias decisiones artísticas, incluso cuando no encuentran el respaldo esperado. “Cuando los demás te dicen que no, confía aún más en ti, confía más en tu proceso”. Para el actor y cantante, mantenerse fiel a su manera de crear implica aprender a convivir con el rechazo sin renunciar a sus propias inquietudes.
El arte como herramienta para cuestionar y conectar
Etxeandia también muestra su preocupación por la creciente comercialización del arte, que, a su juicio, ha contribuido a que se pierda parte de su propósito original. “El arte siempre ha sido necesario, está para reventar la sociedad, para generar preguntas”, sostiene, al tiempo que afirma que la música puede despertar la imaginación, provocar emociones y cuestionar la realidad, una capacidad que considera fundamental en una sociedad donde la creación artística se ha convertido en un gran negocio.
Considera que los artistas tienen la responsabilidad de reflejar el tiempo en el que viven y contar lo que ocurre para que llegue al público. “La misión y la responsabilidad de los artistas es hablar de su tiempo, es ser un espejo de lo que ocurre”, explica. Sin embargo, reconoce que con los años ha dejado de preocuparse por conseguir que todos los espectadores comprendan sus propuestas. Ahora entiende que su trabajo consiste en ofrecerles las herramientas necesarias para que cada uno pueda interpretarlas desde su propia experiencia. “El arte es conmover. No es búsqueda de reconocimiento”, afirma.
La transformación comienza en uno mismo
“No me gusta nada lo que hemos hecho con el mundo”, reconoce Etxeandia, que se muestra crítico con el rumbo de la sociedad actual, aunque asegura que no afronta el futuro con pesimismo. Su manera de responder a esa preocupación ha cambiado con los años. “Antes tenía la sensación de que podía cambiar el mundo, ya no, ahora estoy cambiándome a mí”, explica. Para el artista, cuestionarse las propias decisiones y actuar con mayor honestidad puede ser una forma de empezar a transformar la sociedad.
La música sigue siendo una parte fundamental de ese proceso. Encuentra en ella una forma de expresarse con sinceridad y de crear espacios de entendimiento con los demás. Considera que su contribución como artista consiste en conseguir que quienes asisten a sus espectáculos vivan una experiencia única, que les emocione y les invite a hacerse preguntas. Una manera de entender el encuentro con el público que resume en una frase: “El amor es un teatro lleno”.
Este nuevo episodio de “Las preguntas de la Fundación Botín” recoge estas y otras de las reflexiones de Asier Etxeandia sobre una trayectoria en la que han cambiado sus motivaciones, su relación con el público y su manera de entender la profesión, pero en la que cantar sigue siendo una necesidad personal y una forma de compartir sus inquietudes con los demás.
—
*Este episodio fue grabado en el marco de la 10ª edición del Festival de Cine de Santander, en el Centro Botín.
Agradecimientos: Festival de Cine de Santander, Las Hermanísimas Productions.





