Íñigo Sáenz de Miera reflexiona junto a Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, sobre la verdadera esencia y función de las instituciones culturales en la sociedad actual. A partir de la gran obra de ampliación del centro bilbaíno, la conversación aborda el concepto del museo como refugio social y la prioridad de la conservación. Un encuentro fundamental sobre la vigencia del arte, la relación con la comunidad local, la importancia del coleccionismo privado y el impacto del tiempo en nuestra forma de mirar una obra.
¿Qué es un museo y qué papel debe desempeñar en la sociedad actual? A partir de estas cuestiones, Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao y exdirector del Museo Nacional del Prado, conversa con Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín, en “¿Cómo se construye un museo?”, el nuevo episodio de “Las preguntas de la Fundación Botín”. Durante este nuevo episodio del podcast, Zugaza reivindica la vigencia de una institución cuya misión apenas ha cambiado desde sus orígenes: conservar el patrimonio artístico, generar conocimiento en torno a él y ponerlo al servicio de la sociedad.
Y es que conservación y educación son, para Zugaza, las dos grandes responsabilidades del museo, y el orden no es casual: “Primero conservar y luego educar”. Para cumplir esa función didáctica, sostiene, es necesario partir del conocimiento, porque solo desde el estudio y el cuidado material e intelectual de las obras es posible preservar aquello que las hace auténticas y singulares y ponerlas al servicio de la sociedad. Una labor que, para Zugaza, confirma la vocación del museo como servicio público y su responsabilidad hacia la sociedad.
El arte como necesidad social
Zugaza reivindica el museo como un espacio de protección para un patrimonio cuya fragilidad, considera, no siempre ha sido suficientemente reconocida. “El arte es tan frágil como la naturaleza”, afirma, y reclama para él un cuidado similar al que la sociedad ha aprendido a prestar al entorno natural. Una protección que, para Zugaza, no puede entenderse al margen de las personas. El arte, explica, “reclama constantemente nuestra presencia” y cobra sentido en la relación que establece con quien lo contempla. Por eso, el museo es “un refugio para el arte y, por tanto, para nosotros”.
Esa relación entre el arte y las personas lleva a Zugaza a defenderlo como una necesidad humana y social, no como algo accesorio. Su presencia a lo largo de las civilizaciones, incluso en las circunstancias más adversas, demuestra, a su juicio, hasta qué punto forma parte de la experiencia humana. Por ello, reclama desvincular el arte de ideas como el ocio o el lujo, y reivindica el museo como un servicio público equiparable a otras instituciones esenciales: “Un museo vale lo que vale un hospital, una escuela o una universidad”.


Un museo que crece desde lo más próximo
Para Zugaza, la dimensión social del museo se refleja también en el vínculo que mantiene con la comunidad de la que forma parte. En el caso del Museo de Bellas Artes de Bilbao, cerca del 70% de su colección procede de legados y donaciones, un dato que muestra la implicación de la sociedad en la construcción de la institución. “Es un museo hecho desde la propia sociedad”, resume. Ese origen explica que la comunidad más cercana siga siendo una prioridad para el museo.
Esta prioridad no supone renunciar a quienes llegan de fuera. Ante el crecimiento del turismo cultural, Zugaza defiende atraer a nuevos públicos sin convertir el turismo en el eje de la actividad del museo ni perder la relación con la población local. La pandemia reforzó esta idea al demostrar la importancia de los llamados “museos de barrio” y de contar con una comunidad cercana. Para Zugaza, los museos deben crecer desde esa base y, a partir de ella, llegar a públicos cada vez más amplios.
Esa perspectiva condiciona también la forma de evaluar el éxito de un museo. El número de visitantes es importante, pero no suficiente para medir un impacto cultural que, según Zugaza, se produce a largo plazo y resulta difícil de cuantificar. Frente al volumen del público, Miguel Zugaza destaca “la calidad de esa visita”, la diversidad de personas que la institución consigue convocar y su capacidad para generar una experiencia “memorable, extraordinaria”.
Una experiencia radicalmente contemporánea
Más allá de la época a la que pertenezcan las obras, Zugaza subraya el carácter contemporáneo de la experiencia que se produce dentro del museo. Cada visitante se acerca al arte desde el momento en el que vive, con su propia sensibilidad y sus propias preguntas. Lo ejemplifica con Las Meninas. Ante el cuadro de Velázquez, el espectador actual no se traslada al siglo XVII, sino que se encuentra, desde el presente, con una obra que puede ofrecerle algo nuevo. Por eso, para Zugaza, la experiencia del visitante es “radicalmente contemporánea”.
En esa capacidad de generar nuevas lecturas reside también, según él, una de las singularidades del arte como forma de conocimiento. “La ciencia busca la demostración, necesita conocer la respuesta. El arte plantea preguntas, pero no tiene la obligación de responderlas”, sostiene. Los museos ofrecen, así, un espacio desde el que comprender el pasado, reflexionar sobre el presente y plantear interrogantes sobre el futuro.
La relación entre museo y sociedad se extiende también al coleccionismo privado. Ante un mercado de arte cuyas cotizaciones dificultan la adquisición de determinadas obras por parte de las instituciones, Zugaza defiende la colaboración con los coleccionistas como una vía para que esas piezas puedan incorporarse algún día al patrimonio público. “Es muy importante que el coleccionismo privado florezca”, señala. Una idea que estará presente en la nueva etapa del Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuya ampliación tiene previsto abrir sus puertas el próximo 5 de octubre y con la que la institución quiere poner en valor el coleccionismo como parte de la razón de ser de un museo público.
Con este episodio, “Las preguntas de la Fundación Botín” invita a reflexionar sobre la vigencia del museo como servicio para la sociedad: una institución que protege y genera conocimiento sobre el patrimonio para ponerlo al servicio de las personas, crecer desde su comunidad y propiciar, a través del arte, nuevas preguntas sobre el presente.





